miércoles, 6 de marzo de 2013

Antecedentes del territorio


Si nos remontamos 500 años atrás, los pobladores de estas tierras eran los Querandíes (hombres con grasa). Esta  fue la denominación que los guaraníes le dieron a los indígenas conocidos como pampas (en este sector se encontraba la parcialidad conocida como Queranides), debido a que en su dieta cotidiana, consumían carne y despedían olor a grasa animal porque también utilizaban sus cueros para abrigarse.
El cronista y viajero Ulrico Schmidl lo explicaba así:
“También emplean unas bolas de piedra aseguradas a un cordel largo; son del tamaño de las balas de plomo que usamos en Alemania. Con estas bolas enredan las patas del caballo o del venado cuando lo corren y lo hacen caer.”[1]
Según narran los historiadores, este pueblo ocupaba una amplia zona, comprendida por los actuales territorios de la provincia de La Pampa, el centro-sur de Córdoba y Santa Fe (margen derecha del río Paraná) y Buenos Aires.
Por su parte Ruy Díaz de Guzmán, quien fuera el primer narrador nacido en estas tierras que escribió sobre la región, nos relataba:
 “[...] en los llanos que van continuando a Buenos Aires, a donde hay desde la boca de este río otras 20 leguas: es toda aquella tierra muy llana; los campos tan anchurosos y dilatados, que no hay en todos ellos un árbol: es de poca agua, y de mucha caza de venados, avestruces y gran suma de perdices, aunque de pocos naturales; los que hay son belicosos, grandes corredores y alentados, que llaman Querandíes: no son labradores, y se sustentan de sola caza y pesca; y así no tienen pueblos fundados ni lugares ciertos, más de cuanto les ofrece la comodidad de andar de ordinario esquilmando los campos”.[2]

Con la conquista de América, España comenzó a designar beneficiarios para la ocupación de estos territorios. Luego de la primera fundación de Buenos Aires, es Juan de Garay quien reparte y adjudica las tierras.
Estas fracciones se ofrecían por merced real a los lugartenientes más destacados, o a los adelantados que demostraban “buena conducta” con sus reyes.
En el año 1615 el Gobernador Capitán General del Río de La Plata y Paraguay, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias), hace merced real, entregándole gratuitamente al conquistador español Pedro Gutiérrez una chacra compuesta de 600 varas de frente por una legua de fondo[3].
La instalación de españoles en estas tierras, conformo una nueva lógica espacial: ciudades en forma de damero (tablero de dama), y extensiones agrícolas anexas. Así se conformo la Ciudad de Buenos Aires, y se fue ocupando lo que hoy es el conurbano bonaerense con propiedades de producción agrícola ganadera. Estas chacras o chacaras  (voz quechua, desconocida en España pero ampliamente difundida en Argentina y otros países latinoamericanos,  que significa alquería o granja) fueron luego pasando de mano en mano, ya sea por sucesión o venta.
Tras la ocupación, este territorio comenzó a pertenecer al Virreinato del Perú (allí se encontraba el metal precioso deseado por los españoles), por lo que Buenos Aires era un puerto de segunda categoría, que se utilizaba para el contrabando entre otras funciones, pero entre 1776 y 1777 el virreinato sería dividido y se crearía el Virreinato del Río de la Plata, con centro en Buenos Aires, por lo que esta zona ganaría mayor importancia.
El nuevo dueño de esta zona, Pedro Gutiérrez, fue tesorero de la Real Hacienda, corregidor y alcalde de primer voto. Entre 1615 y 1618 fue Teniente General de la Gobernación. Casado con Mayor Humanides de Molina, fue padre de cinco hijos. Si bien no hay registros escritos sobre si la familia Gutiérrez habitó la zona o solamente la usufructuaba como chacra (Los primeros terratenientes vivían en la zona aledaña al puerto), fueron los primeros en construir una vivienda, en el lugar que hoy ocupa el Mercado Central de Buenos Aires.
Luego de casi dos siglos de ventas y transferencias, en el año 1776 compra esta propiedad Martín José de Altolaguirre, quien provenía de una conocida familia colonial, y era un destacado agrónomo, por lo que utilizó la chacra para realizar varios experimentos sobre agronomía. En aquélla época no existían alambrados, por lo que para aprovechar sus tierras, mandó levantar montículos o tapias de tierra[4] y plantas de cactus. Estas tapias formaban paredes que dividían su tierra en potreros. Esta innovación hizo que se conociera desde entonces a la chacra, como “Los Tapiales de Altolaguirre”[5]


El 25 de octubre de 1808, ante el Escribano Mariano García de Echaburu, Martín José de Altolaguirre, otorga escritura de venta de la chacra a favor de Francisco Ramos Mexía casado con Doña María Antonia Segurola. Contaba la misma con 3600 varas de frente por tres leguas de fondo, y abarcaba desde lo que hoy es el Río Matanza, formando una franja casi rectangular hasta llegar a lo que hoy es Palomar[1].


Tras la muerte del matrimonio de Don Francisco Ramos Mejía y María Antonia Segurola de Ramos Mejía, en 1860 realizan la sucesión y dividen la propiedad entre los 4 hijos vivos: Marta Ramos Mejía de Madero, Magdalena Ramos Mejía de Elia, Matías Ramos Mejía y Ezequiel Ramos Mejía. A este último se le adjudico el sector que conforma Villa Insuperable.


[1]          Pico José María, “Los Tapiales”, Revista Todo es Historia, Director: Félix Luna Nº 239, abril 1987.



[1]   Schmidl, Ulrico, “Viaje al Río de la Plata.”, Nuevo Siglo, Buenos Aires, 1995
[2]   Ruy Díaz de Guzmán, “La Argentina, Estrada, Buenos Aires, 1943.
[3]   Mensura Nro. 60, Dirección de Geodesia y Catastro de la Pcia. de Buenos Aires, 1860.
[4]   Tapias: Tierra apisonada en un encofrado que se usa hasta el siglo XIX, técnica de tradición musulmana traída del sur de España. Moreno Carlos, Patrimonio de la Producción Rural, Buenos Aires 1998.
[5]   Pico, José María, “Los Tapiales”, Revista “Todo es Historia”, Director: Félix Luna, nro. 239, Abril de 1987

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada